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La llama del "Fogão"




Era el año 1933, Brasil presenciaba como el derecho femenino al voto se igualaba al masculino, sin duda era el comienzo de la igualdad de géneros frente a la ley. Pero también era el nacimiento anónimo de uno de los cracks más importantes del futbol Brasileño.

Manuel “Garrincha” dos Santos, la “Alegría del pueblo”, se crio dónde el reflejo de la sociedad brasileña se muestra de la manera más triste: marginalidad, narcotráfico, violencia es la realidad de las personas que habitan en las más de 700 favelas en Rio de Janeiro. No sólo con el estigma de ser favelado tuvo que lidiar el entonces joven futbolista, sino con el de ser zambo -hijo de negro e indígena- y de una persona que tiene juntas las rodillas y sus piernas separadas hacia fuera. A primera vista, el destino estaba en su contra, pero él se encargó de demostrar lo contrario.

En 1953, “Mané”, como le denominaban sus cercanos, cambió los partidos descalzos que jugaba a la hora de almuerzo en la fábrica de camisas en su natal pueblo Pau Grande, dejando atrás sus 15 hermanos y su sencilla vida de favela, por la capital federal de ese entonces: Rio de Janeiro.

Su malformación física –con una pierna 6 centímetros más corta que la otra- lejos de ser una carta de presentación admisible para los equipos de balompié, fue motivo de rechazo inmediato en muchas escuadras, tales como: Vasco da Gama, Fluminense y Flamengo. A pesar de las continuas negativas por parte de los técnicos, decidió probar suerte en Botafogo - Fogão-, es aquí donde el “torcido” destino de Santos cambia radicalmente. Carlos Pinto, director técnico de la selección, decidió darle una oportunidad al nuevo futbolista quien con su particular dribling derecho de sus imperfectas piernas confundía al oponente. Es así como “Garrincha”, se mostró tan hábil y veloz como el pájaro que le dio su apodo, integrándose en la época dorada del equipo pentacampeón del campeonato carioca.

Al igual que el fútbol, las mujeres son la pasión de millones de hombres a nivel mundial y “Garrincha” no fue la excepción. Su éxito con las meninas fue anterior a su fama de mujeriego y su historial de conquistas era tan extenso y conocido como sus capacidades en la cancha.

Manuel dos Santos tuvo 13 hijos reconocidos: Ocho con Nair, su esposa, la cual estaba consciente de las continuas infidelidades; dos con Irací, su amante; uno con la cantante Elza Soares la –criola- y otro más con Vanderléa, una sueca que conoció en el mundial del año 1958, la que fue su última mujer hasta el día de su muerte. Pero fue la criola, quién logró saciar su sed de pasión y amor durante mucho tiempo. “el sentimiento de felicidad que me producía el tenerlo a mi lado, esa lucha entre la pasión y la ternura, me dejaba a veces sin aliento. Pero satisfecha, como después de un orgasmo”, declaró tiempo atrás la exitosa cantante de samba, quién veía como su carrera era repercutida por cada problema del futbolista. Pese a que fue esta mujer quien luchó contra el profundo alcoholismo que acompañó a Santos después del mundial de 1962, fue la que vivió con el estigma de ser quién “destruyó la vida del ídolo nacional”, pero la vida futbolística del líder del Botafogo ya tenía fecha de fin. Fue el mismo año que recibió la oferta de pase del Torino, club Italiano dónde brillaban todos los jugadores exitosos del mundo, pero se vió frustrada con el diagnóstico de una artrosis irreversible en sus rodillas. Este fue el tiro de gracia que sumió al genio de la punta derecha en el desempleo, alimentado por el sensacionalismo de la prensa brasileña quien publicaba su invalidez en todas sus portadas. El mundo perfecto se había acabado, las botellas lo consumían a él y a su carrera tras cada trago. Es así como este crack de la verde amarela se iba consumiendo poco a poco, el pueblo que reemplaza en la cancha a sus ídolos rápidamente, pero en la memoria colectiva no. Este hombre de aspecto frágil fue quien inscribió dos veces a Brasil como campeón de la copa del mundo: 1958 en Suecia y 1962 en nuestro país. Incluso fue acá dónde se rodó parte de la película “Garrincha, estrella solitaria” en el año 2002, siendo uno de los registros de la historia de quién alimentó la pasión de millones de brasileños por el balompié, y por qué no, del mundo entero. Después de todo el planeta estaba encantado; como era posible que dos cracks como “Pelé” y “Garrincha” fueran del mismo país, pero pocos saben que Mané no fue menos importante que “Pelé” en las victorias de la Selección de Brasil. El mismo Pelé lo sabe. Mané murió en Rio de Janeiro en 1983, un “mar de amor” lo despidió en su velorio en el Maracaná, 130 mil personas lo acompañaron en ese momento, pero lamentablemente no fue en ese “mar de amor” que “Garrincha” se ahogó, sino en la más profunda depresión y alcoholismo hasta silbato final; la muerte.

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